domingo, 29 de marzo de 2009

Turbidez y salinidad del Guadalquivir en los últimos años.



El color amarronado del río Guadalquivir comienza a ser una fuente de preocupación e incertidumbre para todos los que de una u otra forma “viven” del río (desde hosteleros hasta agricultores) puesto que ya se cumplen ocho meses sin que desaparezca la turbidez. La mayoría de ellos critican la escasa y confusa información que aportan las administraciones públicas sobre este problema que se alarga en el tiempo y sin visos de solución.

La consejera de Medio Ambiente, Cinta Castillo, aseguró que todavía no existe una respuesta científica oficial que asegure cuáles son las causas de los elevados índices de salinidad y turbidez en el río Guadalquivir, más allá de las causas "naturales, cíclicas e históricas" del río.

Castillo argumentó que el Guadalquivir viene sufriendo "desde hace un año" índices de salinidad y turbidez que llegaron a ser "alarmantes".
Por ello, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) realizó análisis para comprobar si existía algún problema externo con riesgo para la salud, "pero fue una cuestión que se descartó".

Al no remitir la turbidez, recordó, se formó entonces una mesa de trabajo con representantes de los agricultores, regantes, la Junta de Andalucía y expertos universitarios, que han venido trabajando para descubrir las causas.

Según la Consejera de Medio Ambiente, aún no se tiene una respuesta científica oficial que asegure cuáles son las causas "más allá de la que nos han dado de que son causas naturales, cíclicas e históricas del Guadalquivir, que se acentuaron con las precipitaciones masivas que se dieron en la primavera".Las muestras, que se tomaron en 14 puntos de control situados entre Alcalá del Río y Sanlúcar de Barrameda hasta el pasado mes de mayo, reflejan que "la composición de las capas superficial y profunda de los sedimentos no presenta grandes diferencias entre sí, aunque los niveles de metales en la capa más profunda (la más antigua) son algo más elevados".

Otra apreciación atribuye el oscurecimiento del río a la presa de Alcalá del Río desde donde se realizó un fortísimo desembalse para aliviarla de agua. Esa enorme salida de agua originó el arrastre de más de cinco millones de toneladas de fango río abajo hasta el estuario del Guadalquivir.

Castillo dijo que la única causa distinta a las naturales que descubrieron fueron los trabajos de las obras del metro a la altura de San Juan de Aznalfarache y Coria del Río, en Sevilla.
"Los movimientos de tierra en estas obras podrían haber añadido turbidez al río, pero en ningún caso se muestra como la causa de la turbidez", apostilló
En cualquier caso, ha añadido que Obras Públicas está actuando sobre esos movimientos de tierra para limpiar los lodos que se tuvieron que mover para realizar las obras del metro.





Bibliografía:
*i36.tinypic.com
*weblogs.madrimasd.org

La moda en el Siglo de Oro eso

La apariencia física fue un elemento determinante de las relaciones sociales durante el Siglo de oro. En este sentido, el vestido jugaba un papel fundamental, pues a simple vista permitía establecer una clasificación de los individuos y juzgar su posición social y económica.
En general, el color más usado era el negro, sobre todo entre los hombres, pues acentuaba el aspecto de seriedad que la mentalidad de la época requería. Se usó durante todo el período, excepto un corto lapso de tiempo durante el reinado de Felipe III en el que gustaron más los colores vivos. El hombre se vestía con un jubón, que le cubría desde cabeza hasta cintura, o llevaba un "coleto", un pespunte sin mangas, a modo de chaleco, sin aberturas, habitualmente fabricado en piel, con un forro interior y una rígida armadura de ballenas, que hacía las veces de defensa contra cualquier ataque por daga o puñal. Por encima de estas prendas, el caballero portaba la "ropilla", una vestidura corta con mangas, ceñida sobre los hombros formando pliegues. Sobre las piernas se llevaban las "calzas", pantalones ajustados que primero fueron enteros y después se dividieron en dos piezas, medias y muslos, o muslos de calzas. Más tarde las calzas se sustituyen por medias de seda negra o hilo, sujetas con ligas, que tapan otras medias blancas interiores. Otras veces , los muslos y las mangas de la ropilla se adornaban con cuchilladas, que dejaban ver la ropa interior blanca. Los varones más humildes vestían calzones largos, no muy ajustados, que podían estar cortados por la rodilla. Completaba su vestimenta una camisa de lienzo, una capa y un sombrero de alas anchas y caídas, que servía para realizar un ceremonioso y complicado saludo. Los zapatos estaban hechos en piel, generalmente de color negro, atado con amplios lazos. Para el campo o los viajes, la bota de ante es el complemento más usado. Las clases populares usan alpargatas.
Un adorno esencial son los cuellos, gruesas "lechuguillas" que cubren totalmente la garganta y que no eran precisamente cómodas de llevar. Espada y capa, para quien podía permitírselo, denotaban hidalguía.
La moda femenina también dejaba ver la clase social a la que pertenecía el sujeto. Las mujeres humildes vestían faldas largas y lisas, sin adornos, combinadas con blusas o camisas sencillas. Normalmente se llevaba una pañoleta que cubría los hombros y se anudaba sobre el pecho. En épocas de frío, un manto de paño o lana proporcionaba algo de calor. Entre las mujeres de clase noble, el "guardainfante" fue la prenda que más se usó. Consistía éste en un armazón hecho de varillas, aros, cuerdas y ballenas, que daban forma de campana a la enagua. Importado de Flandes, su uso atendía no sólo a cuestiones estéticas sino que también se usaba para proteger o disimular el embarazo, lo que provocaba no pocos escándalos. La complicación de la prenda se acrecentó con los años, llegando a adquirir un volumen tal que las mujeres que lo llevaban debían entrar de lado por las puertas, al no poder hacerlo de frente. El abultamiento acentuaba el contraste con el talle, muy ceñido, y el pecho, ceñidísimo por el corsé. En el siglo XVII, los escotes se fueron haciendo cada vez más pronunciados, hasta que fueron prohibidos excepto para las prostitutas, que debían ganarse el sustento con su cuerpo. Los vestidos eran siempre largos, llegando a cubrir los pies.
El pie femenino es, en la España del Siglo de Oro, el último reducto a ceder por la dama ante el galanteo del caballero. Gustan los pies pequeños y gráciles, que se ocultan en "chapines", una especie de chanclas muy elevadas con suela de madera y forradas de cordobán. Su misión era doble: ocultaban el pie en su interior y protegían a los zapatos del barro y la suciedad de la calle.
El maquillaje fue usado con largueza; tanta, que voces como las de Vives, Laguna o fray Luis de León se alzaron contra el ocultamiento y la artificiosidad que, según su gusto, denotaban los rostros femeninos. Coloretes, afeites, emplastos, etc. Cubren desde la parte inferior de los ojos hasta las orejas, cuello, escote y manos, tanto de nobles damas como de sencillas mujeres. Los labios se abrillantaban con ceras y la piel se blanqueaba con solimán, pues la piel morena o tostada daba a entender que el individuo trabajaba y no llevaba una vida ociosa y regalada, como era el ideal de vida. Perfumes y aguas (de azahar, cordobesa o de rosas) se usaban con abundancia, para disimular los olores.
Las joyas, siempre que fuera posible, completaban el panorama de la vestimenta. Los anteojos fueron muy usados, así como otros complementos, lo que levantó críticas a la ostentación y el derroche. Guantes cortos y abrochados a las muñecas y medias cortas de seda cruda completaban la vestimenta femenina.



Isabel y su hermana Micaela(Hijas de Felipe III) .La primera sostiene un pañuelo con encaje, a la manera de las damas nobles. Ellas se encuentran vestidas pomposamente, con ricas diademas de perlas y complicadas golas de encaje almidonado. Las faldas de campana impiden sus movimientos o adivinar su complexión infantil. El autor pone todo su arte al servicio de plasmar adecuadamente la riqueza de su atuendo y la posición de su estatus.



Príncipe don Carlos (hijo de Felipe II) .El autor del retrato se prodiga en la representación de tejidos, pieles, joyas y complementos, con una prolijidad que refleja al detalle la magnífica calidad de los ropajes del infante.



Aquí en la vestimenta de la mujer se comprime el busto fuertemente hasta hacerlo desaparecer casi por completo. La falda es cónica y la gorguera (cuello)es rizado y rígido.

Bibliografía:
*www.artehistoria.com
*imagenes museo del traje